La verdad de estos Blogs es muy simple: la magia existe.

24.7.09

Sin que venga a cuento...

...quiero hablar de estar en un agujero oscuro.

Desde que entré en Radio Nikosia, con el tiempo, he hablado de estar en blanco y desconectado, de cómo la creatividad se bloquea en uno... Y de cómo la vida de un recién nacido es una hoja en blanco que habría que llenar con una hermosa canción.

También he hablado de la confianza, de la importancia que tiene para todo el mundo, y hablar de ello no me ha servido de mucho, porque a estas alturas parece que nunca la haya despertado en nadie; porque estoy en un agujero, y ahora mismo mi vida me parece una canción horriblemente triste...

He hablado de los malos momentos, de las pérdidas amorosas, de las enfermedades (o estados de ánimo) que te hacen querer desconectar con el mundo, y de la nostalgia, y he querido rendir tributo a la amistad, todo esto en una novela que no me parece que le haya servido de mucho a nadie...

Y he hablado del miedo, y este sentimiento me sirvió para escribir, pero no para desahogarme del todo, porque sigo teniendo miedo... miedo a seguir en el agujero en el que estoy, y desde el que os escribo...
Sí, amigos, no sé dónde estáis, no entiendo que os apartéis de mí; yo estoy escribiendo esto mientras bebo, bebo tan sólo para soportar la oscuridad que me rodea; es de noche y estoy solo, y lo peor, me siento solo y por eso bajo la Rambla de Barcelona y bebo, y cuando llego a un cierto nivel de alcohol en la sangre y ya tengo ganas de llorar, me pongo a escribir para no sentirme solo y para soñar: soñar que hablo con alguien, que estoy con un amigo, que le digo que estoy en un agujero oscuro, que lo estoy pasando mal, que porfavor me rescate y me saque de aquí...
Y sueño, escribo y sigo soñando, sueño que pronto se hace de día y esta noche terminará, todo esto terminará y volveré a ser quien fui, a sentirme bien; sueño que nunca más necesitaré salir de ronda, ni beber ni escribir -más que por placer- para decir que me siento solo, y que necesito que con vuestra compañía y cariño, me ayudéis.
¿Qué pasa en la tierra,
Que el cielo cada vez es más pequeño?
Fito Páez

3.5.09

Ya ni existes.

No pudiste darme nada bueno,
Y ahora vuelves
-Yo qué sé de qué precioso infierno-
Con mil preguntas.
No me atraparás, que ya te entiendo
Y estoy armado.
Dentro de mi nido y en mi sueño
Jamás existes
Ya.
Jamás me dolerás,
Que ya ni existes...
Si ya ni existes,
Jamás me dolerás.
No quisiste estar en este sino
De luz y gloria;
No me cogerás desprevenido,
Que en este juego
Sé vencer igual que tú, cariño...
Tus ambiciones
Son historia ya y me da lo mismo,
Jamás existes
Ya.
Jamás me dolerás,
Que ya ni existes...
Si ya ni existes,
Jamás me dolerás.

That's the way I used to be

Todo está amañado, todo está perdido
queda caminar por el sendero del olvido, y
no querer ya nada, nunca rebelarse
no querer a nadie, ni jamás enamorarse

Todo está marcado, todo decidido
cada carta fuerza a la opresión al oprimido, y
todos lo sabemos, no vale la pena
sólo sonreir nos queda, salgamos a escena

That's the way I used to be
That's the way I used to be

Cada día duele, cada día mata
sol por la mañana, pero me cubre la escarcha
sigo mi camino, borro mis pasiones
triste y malherido, se me olvidan las canciones

y hago mi futuro, piedra a piedra a piedra
siento como cárcel lo que antes fue pradera
esta vida duele, esta vida mata
esta vida sólo es bella si no te apalancas

That's the way I used to be
That's the way I used to be

Ídolos que mueren, mitos que despiertan
todo sigue turbio, y dentro mío se rebela
pronto brota y clava dagas y puñales
si la vida es una cárcel, di, ¿por qué no sales?

sigue los caminos viejos de la rosa
y haz de cada día una excepción maravillosa
tienes el apoyo, tienes el cariño
tienes a tu gente, nunca mates a ese niño

That's the way I used to be
That's the way I used to be

Todo está amañado, todo está perdido
No ganaste, pero aún vivir tiene sentido

Todo está amañado, todo está perdido
No ganaste, pero aún vivir tiene sentido

Todo está amañado, todo está perdido
No ganaste, pero aún vivir tiene sentido

Todo está amañado, todo está perdido
No ganaste, pero aún vivir tiene sentido

28.4.09

True Love Waits (Radiohead).

I'll drown my beliefs
To have your babies
I'll dress like your niece
And wash your swollen feet

Just don't leave, Don't leave

I'm not living
I'm just killing time
Your tiny hands
Your crazy kitten smile

Just don't leave, Don't leave

And true love waits
In haunted attics
And true love lives
On lollipops and crisps

Just don't leave, Don't leave

Just don't leave, Don't leave


Radiohead - True Love Waits
Found at bee mp3 search engine

25.4.09

Se va...

...igual que empecé,
volverá mi brisa fresca
susurrándote aliento...
¡Y hervirán las auroras boreales,
dándonos la luz del sol
y la fuerza del viento!


Lo que pido,
sé que puedes concedérmelo,
compañera,

sólo se trata de Tiempo.

Sólo corre la voz

y di "Se va, porque la escarcha
se apodera ya de sus entrañas"

¡Porque siento adentro mío
cómo vive la gran araña
y se nutre de mi mente...
Ocupa rincones robados a las perlas!

Permite que parta, déjame que zarpe solo...
¡ Sabes que sólo así podré vencerlas!

Los niños y las niñas.

Está claro que los niños y las niñas del presente (los adolescentes y adultos del futuro) saldrán con el tiempo más espabilados de lo que salimos nosotros, porque el mundo es más libre que cuando nosotros crecimos, y al ser más libre es más complicado, y como se verán en la necesidad de adaptarse a cambios más duros, lo harán más rápidamente.
Lo mismo con las nuevas tecnologías. Si hoy tienes dos añitos, dentro de veinte la tecnología habrá mejorado un huevo, y podrás –aunque tengas que aprender más que nosotros, y cosas más difíciles- comerte el mundo fácilmente con estas técnicas, como veo que se lo están comiendo ahora quienes tienen diez años menos que yo.
Pero la verdad, tú que estás en tu carrito jugando con un coche, tú que mientras caminas coges con una mano a tu madre con la otra abrazas una muñeca… la verdad es que ninguno de vosotros me dais envidia.
Lo mismo que cuando veo a un grupo de adolescentes que se van de fiesta y se emborrachan con el dinero de sus padres, y sólo tienen que preocuparse de estudiar, y además se preocupan –porque les da la gana- de sacarse la licencia de moto, de la diversión y del sexo.
No me dan ninguna envidia, la verdad. Porque a mis treinta años, ya sé que se van a encontrar con los mismos problemas que yo. Problemas de adaptación, de crisis de identidad, de dudas sobre qué hacer con tu futuro, de soledad…
Muchas veces, cuando veo a un niño, tan feliz en su mundo de cuidados y sueños, pienso: “¡Pobre! ¡No sabe lo que le espera!”. Lo mismo podían pensar los adultos de mí cuando yo era crío, cuando no me hacía falta más que un pequeño ordenador o un libro para ser feliz, y no me tenía que preocupar por el dinero, ni por mi vida social, porque todo me venía hecho.
Pero bueno. Quizás en el fondo, sí que sienta algo de envidia: envidia por su presente. Ya tengo una edad, y según qué escenas veo por la calle, empiezo a pensar cosas como: “juventud, ¡divino tesoro!”. Puede que sienta que no he aprovechado mi tiempo todo lo que podría haberlo hecho, y por eso me agobia mi pasado y me preocupa demasiado el futuro.
En fin. La solución debe de ser no preocuparme tanto por mi futuro… Y sí por mi vida, por el momento que vivo. Quizás así consiga dejar de compadecerme y empiece a sentir algo que en realidad ya sé: que es mi vida –y la de la gente con quien la comparto- lo que es un divino tesoro.
Y los niños y las niñas, la verdad, me dan un poquito de lástima porque no son conscientes de ello… Ya les llegará cuando crezcan. Por lo demás, ojalá no cometan los errores que nosotros hemos cometido y nuestra lucha les sirva para encontrarse un mundo distinto y más justo. Después de todo, se merecen lo mejor.

20.4.09

El Miedo.

¿Qué queréis saber del miedo? Puedo serviros de ayuda. Tengo muchas cosas que decir sobre el miedo. Muchísimas. Y ¿sabéis por qué? Porque tengo muchos. En mi interior –y se puede comprobar de forma evidente que no miento- habitan infinitos, hondos e incontables miedos… Quizá pueda y deba limitarme a sólo enumerar algunos de ellos.

Uno de ellos es el de acabar alguna noche demasiado cansado y harto del mundo, y realizar el impulso de coger todas las pastillas que tengo en casa, y mezclarlas con un licor fuerte, para acabar durmiendo para nunca despertar. Otro miedo que tengo es, curiosamente, el no atreverme a hacer esto pronto y llegar a comprobar que el resto de mi vida –años, décadas de existencia- será más o menos la misma mierda que ahora.
Y no es precisamente que mi vida sea una asco, es sólo que en mi mente y en mi corazón habitan cosas horribles; la medicación no me acaba de ir bien y apenas puedo controlar mis pensamientos y emociones. Quizás es que no me cuido y no acabo de sentirme bien, porque no me siento querido. Quizá sienta que mi vida es una mierda sólo por eso. Me cuesta mucho sentirme querido, y mira que mi gente no me deja lugar a dudas.
Será que tengo miedo de no ser querido. De ser despreciado. De que se me rechace, de que se me ignore. Todos queremos que nos quieran, y como dijo Pau Vidal, todos “queremos querer”. Me da miedo no querer en realidad a nadie, no tener auténticos sentimientos, porque no quiero ser estéril o inútil, y la mejor manera de servir o ayudar a tu gente es empezar por sentir algo por ellos. Algo que no sea odio, rencor, miedo. Miedo a que te dejen de lado, que es otro de mis miedos: miedo a ser abandonado, a que me dejen tirado en la puta cuneta. No por el hambre, no por el frío, no por que la locura que llevo dentro pueda ir avanzando hasta destruirme, sino porque tengo un cierto y rotundo miedo a la soledad, contra el que lucho a diario en una guerra que nunca acaba de decidirse.
Y también porque tengo miedo a ser una persona triste. Llevo meses triste, es cierto; tengo heridas y traumas que puede que nunca se curen, es cierto; pero eso no me quita la lucidez de ser consciente de que hay que sonreír para que el mundo sonría y de que sé hacerlo, aunque a veces ni a mí me lo parezca y me lo tengan que decir.
Miedo a volver a escribir cosas como esta que estoy escribiendo, quizás demasiado amarga como para gustar o ser valorada o escuchada. Porque creo que el arte tiene que ser, desde el punto de vista que sea que aborde cualquier tema, una celebración de la vida; y esto no lo parece precisamente, aunque quiere serlo. No necesito disculparme, claro; quizá tan solo necesito entender que tengo miedo a no volver a sentir amor en lugar del rencor con el que cargo últimamente, entender que tengo miedo a no volver a enamorar. No volver a poder compartir momentos mágicos a diario con alguien que también quiera alejar sus miedos, con su voluntad y mi ayuda; esos momentos mágicos de los enamorados que son como exorcismos: los desayunos en mañanas soleadas, las películas en tardes de lluvia, las charlas en la cama a la hora de la siesta, o después del sexo y antes de dormir abrazados, la pasión en lugares inadecuados, de esos en los que el miedo sí que tiene sentido –el miedo a que te pillen insultando la santa decencia católica- porque es un aliciente morboso y excitante, los cafés después del cine y las cervezas en un bar musical… y mil cosas más.
Miedo también a no poder celebrar la vida tan sólo viviéndola, en lugar de pensar cómo fue y cómo puede ser; miedo a que esa chica evite mi beso, miedo a que esa chica acepte el beso que quiero darle porque también tengo miedo a enamorarme y volver a estar en una montaña rusa de emociones y de dependencia…
Miedo a que ese monstruo que vive en mi armario, que me insulta continuamente y se burla de mí, humillándome incluso en sueños, sea yo mismo. ¿Sabéis aquel cuento de un profeta que intentaba hacer mejor a la humanidad y en su propósito se veía perseguido y amenazado de muerte por el diablo? Todos somos un poco ese profeta –si tenemos buenas intenciones con nosotros mismos- y podemos conseguir algo por poco que nos esforcemos, pero yo tengo miedo de que un día el diablo me atrape… Miedo a ser yo mismo ese diablo.
Miedo a volver a casa después de una fiesta, en un corto viaje de metro que se te hace eterno, borracho y solo; miedo a no tener en esos momentos nadie con quien hablar ni a quien besar; miedo a llegar después de todo esto a mi cama y encontrarla fría y vacía y enorme, por no poder abrazar más que una almohada que está cansada ya de soportar el llanto diario de alguien que se siente infeliz porque se siente solo; un llanto que nace de la ansiedad, del miedo a ser ese fantasma que vuelve a casa solo y tropezando por el alcohol en la sangre, callado y con la sonrisa marchita que busca un beso inesperado y sincero, ese fantasma que se cubre con la sábana de su cama sintiéndola como una mortaja en un ataúd solitario, y que le habla a su almohada cansada de oír su llanto de alma en pena porque no tiene al lado a quien quisiera tener para hablarle diciéndole “te quiero”…

Miedo a no ser bueno en lo que hago, en lo que haga. Miedo a que me mientan cuando me dicen que lo soy. Miedo a perder la ilusión en lo que hago, a no encontrar nunca esa canción que busco, la que sé que aleja el miedo riéndose de él y de su puta madre: esa canción que todos necesitamos.

Y que quizá, a pesar de lo triste y desesperada que suena, sea ésta que estoy mostrando: porque quizás estos miedos los tengamos todos, y conscientemente o no, sepamos que la única manera de no dejarse vencer por el miedo, la forma de enfrentarnos a las causas de nuestros miedos y vencerlos, es usar el arma definitiva: la risa. Un arma, un tesoro, un don, que la humanidad parece estar olvidando, quizá por miedo. Por miedo a aprender, a tener que recordar tanto lo bueno como lo malo del pasado para tener un buen futuro, las experiencias, los errores y aciertos, triunfos y fracasos… O sencillamente por miedo a sonreir, y que la chica que está sentada delante de ti en el metro y a quien le brillan los ojos, no te corresponda en esa sonrisa y te trate como si estuvieras loco.
Y finalmente, miedo a no estar loco, al silencio, a que el silencio que la sensatez impone no me deje hablar y decir que a veces, de vez en cuando, tengo miedo: miedo a la vida. Para luego decirle a quien me esté escuchando que ya se me pasará, tranqui, pide dos cervezas más, cómo te va con tu novio, sabes de qué me he enterado, da igual, sólo es pasar el rato conversando, dejar que la noche siga su camino y el amanecer nos encuentre riendo y que con la luz de la mañana todo miedo haya pasado y podamos dejar de llorar para empezar –de nuevo- a luchar por lo que nuestro, por el antónimo y opuesto del miedo: por la vida. Por nuestras vidas.
¡Un brindis!

4.3.09

Sombras.

Mírate, siempre amargo y triste
No quedó – nada de quien fuiste
Llévate bien con tu soledad

Sólo estás, y en ello te ahogas
Sólo ves – nada más que sombras
Anda y date el lujo de vivir

Deja que entre el sol (x4)
Ven aquí, donde todo es amor…
Y esplendor

Sólo estás, y en ello te creces
Ya sé bien – que no es lo que parece
Pero en esto estás para aprender

Deja que entre el sol (x4)
Ven aquí, donde todo es amor…
Y esplendor

Deja que entre el sol (x4)
Ven aquí, donde todo es amor…
Y esplendor

22.1.09

Your Ghost.

If I walk down this hallway, tonight,
It's too quiet,
So I Pad through the dark
and call you on the phone
Push your old numbers
and let your house ring
til I wake you ghost.

Let him walk down your hallway
it's not this quiet
slide down your receiver
sprint across the wire
follow my number
slide into my hand.

It's the blaze across my nightgown
it's the phone's ring.

I think last night
you were driving circles around me.

I can't drink this coffee
til I put you in my closet
let him shoot me down
let him call me off
I take it from his whisper
you're not that tough.




Composición original de Kristin Hersh, cantada a dúo con Michael Stipe (REM) y localizable en su álbum "Hips & Makers"